HARTO DE RELIGIÓN…

HARTO DE RELIGIÓN...

Comparto un extracto del primer capítulo de libro: HARTO DE RELIGIÓN. Un libro que critiqué en el 2018, porque confrontaba al Sistema al que yo pertenecía, y realmente es muy fuerte de digerir. Pasé por un proceso de transformación donde, para sanar, tenía que salir de todo lo que me estaba haciendo daño, y el Sistema Religioso y sus exigencias tóxicas fue lo más que me marcó.

Hoy, estoy en una nueva etapa y asignación. Mi llamado fue transformado para alcanzar a los que Cristo alcanzaría: a los que no cumplen con los requisitos religiosos y reglamentos de hombres.

En un momento pensé editar y “suavizar” el lenguaje de este extracto, pero sería faltarle el respeto al autor Emanuel Picone, el cual busca llamar la atención y crear espacios para repensar el rumbo que la iglesia tomó, y del cual yo fui parte. 

Además, admito que el impulso de editar el lenguaje se se basaba en lo que pudieran opinar algunos, y hace tiempo superé esa atadura de “Vivir de la opinión de los demás.”
 
– Ps. Danny Albelo, ThDr.

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Me harté de este “cristianismo” que se ha vuelto un “negocio” para pocos y una deuda constante para otros. Lo han convertido en una máquina de pedir… 

Me harté de los “Apóstoles” que llenos de excentricidades deambulan de ciudad en ciudad y se jactan de sus vehículos del año, los países recorridos, los edificios construidos, los hoteles y viajes realizados… 

Estos “Apóstoles” deberían llamarse “apéstoles” porque apestan. Nada tienen que ver con los que nos dejaron un camino surcado por precios que estos no estarían dispuestos a pagar. 

Me harté de las radios y canales de TV que con sus maratónicas campañas piden dinero para sostener sus emisoras ¡a cambio de una bendición especial! Promotores de milagros instantáneos… Ahora, me pregunto, si es de Dios ese proyecto, ¿no lo tiene que sostener Dios? 

Me harté de los comerciantes de la “revelación sobrenatural” que idiotizan a las personas haciéndoles creer que son ellos los iluminados de Dios… y que son los representantes exclusivos del Espíritu Santo. Justamente el que nos guía a toda verdad. 

Me harté de los que financian sus lujosas vidas a cambio de las ofrendas especiales para el sostén del “ministerio”. Como si lo que fuera de Dios necesitaría el sostén del hombre… 

Me harté de los que reciben las ofrendas y diezmos de sus “discípulos” en sus manos y en ese momento no consideran lo que Jesús mismo dijo acerca de esto que: “Antes de poner tu ofrenda en el altar, ponte en paz con tu hermano” (Mateo 5.24) Claro, no importa, en ese momento el “sobre” es más importante que la integridad de quien lo pone ¡y de quien lo recibe! 

Me harté de los “eventos cristianos” que incluyen todo tipo de programas y entretenimientos, para atraer a las personas. 

Como si LA BUENA NOTICIA no fuera atractiva por sí misma. 

Me harté de los organizadores de festivales y demás, que agregan ceros a los números de asistentes a fin de dar mayor relevancia a sus negocios. Eso es MENTIR. 

Me harté de los “artistas cristianos” que tienen un caché y después hablan de ser la verdadera Iglesia y revolucionar el mundo. No lo veo a Jesús con representante y precio! 

Me harté de los músicos que no saben más que una escala de música y se creen los más importantes de la “plataforma”. Y saben de “armonía” pero sus cuartos están desafinados y nada armoniosos. 

Me harté del lenguaje de esta “subcultura” evangélica: decretamos, establecemos, declaramos… de dos besos, Paz del Señor, corbata y pollera, etc. Cuando la “buena noticia” es la que embellece el alma y el amor es el verdadero lenguaje. 

Me harté de “líderes” manipuladores que quieren tener todo bajo su control y no pueden con sus propias almas… porque son inseguros, caprichosos, envidiosos, que no dejan que “sus miembros” vayan a otra reunión que no esté bajo su tutela. No hacen otra cosa que manifestar la falta de carácter de Cristo y someten a sus “seguidores” a su gusto y piacere. 

Me harté de los pastores que se adueñan de la obra de Dios perpetuándose. ¡Sí! La “obra de Dios” y no aprenden a reconocer el tiempo y las disposiciones de Dios… 

Me harté de los que buscan incansablemente un reconocimiento entre su pares para alcanzar el púlpito y tener el aplauso de la gente… 

Me harté de los ministerios que pretenden invertir más dinero en edificios, sonido, luces y “chiches” de toda índole que en las vidas de las personas que no entrarían a nuestras instalaciones… ¡y Jesús dio la vida por ellos! 

Me harté de aquellos que fundamentan su prédica en condenar lo que Jesús nunca condenó. Sino que se dio a sí mismo por amor. 

Me harté de los ministros que públicamente avergüenzan a algunos miembros en las congregaciones con ánimo de disciplinar y restaurar al “pecador” cuando Jesús, quien tomó mi lugar, ya fue expuesto públicamente por cada uno de nosotros. La Biblia enseña que para disciplinar debemos hablar privadamente con el hermano que deseamos corregir o restaurar. 

Me harté de que los ministros ocupen las primeras bancas olvidando que Jesús dijo lo contrario. 

Me harté de que hoy los “grandes siervos” sean atendidos de manera diferenciada. 

Me harté de las jerarquías y cargos dentro de las Iglesias… 

Me harté que identifiquen a la Iglesia con el dinero y la corrupción. 

El mundo se hartó de nosotros… ¡y yo me harté de mí mismo!

  • – Emanuel Picone / Edición Digital: © 2016 Editorial Imagen. Córdoba, Argentina

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